Expresiones en desuso

Términos, frases y formas de hablar que fueron habituales en Argentina, pero que hoy son poco frecuentes, quedaron asociados a generaciones mayores o fueron reemplazados por otras expresiones.

Explicado en argentino

El otro dia voy a lo de la nona. Los findes ella se arma terribles pasta asciutta. No sé qué significa la mitad de lo que dice; a veces no se le entiende un joraca cuando habla. Es que la vieja vive en otra época.

Entonces yo aprovecho mientras ella se distrae de la olla para pasar el pan por el tuquito ¡que delicatecen!

Cuestión que voy a hacer mi fechoría y ¡no va que justo me pesca la vieja! Se cabroneó y me grita:

¡Tomate los vientos, mocoso!

¡Tomate los vientos, le mando! hace mil años no se usa más.


¿Qué es una expresión en desuso?

Una palabra o expresión en desuso no es necesariamente una palabra desaparecida.

Una palabra puede dejar de ser frecuente sin desaparecer completamente. Puede quedar asociada a una generación, sobrevivir en una región determinada, aparecer en la literatura o conservarse en la memoria familiar. Por eso, cuando hablamos de palabras y expresiones en desuso, no hablamos necesariamente de palabras muertas.

Para entender este fenómeno conviene volver a algunas de las ideas que explican cómo funciona nuestra lengua. Como vimos al preguntarnos por qué los argentinos hablamos diferente, el lenguaje no es un sistema inmóvil: cambia constantemente porque es una práctica social sostenida por quienes lo hablan.

Las palabras también cambian

Ferdinand de Saussure mostró que la lengua es un sistema social y que la relación entre las palabras y aquello que designan no está determinada por una conexión natural. Las comunidades de hablantes sostienen determinados usos, pero esos usos pueden transformarse con el tiempo.

Eso significa que una palabra no deja de existir porque alguien decida oficialmente eliminarla. Puede simplemente perder frecuencia porque los hablantes comienzan a preferir otra palabra, porque cambia una costumbre, porque desaparece un objeto o porque una nueva generación adopta una forma diferente de expresarse.

Del mismo modo que algunas palabras aparecen y se incorporan al habla cotidiana, otras comienzan lentamente a retirarse de ella.

El resultado es una lengua en movimiento.

Una lengua hecha de muchas voces

Pero no todos los hablantes cambian la lengua al mismo tiempo ni de la misma manera.

Mijaíl Bajtín permite pensar este fenómeno desde otra perspectiva: una lengua está atravesada por múltiples voces y contextos sociales. Las palabras arrastran las huellas de los lugares, las épocas y los grupos que las utilizaron.

Por eso una expresión puede parecer antigua para un joven porteño y, al mismo tiempo, continuar siendo perfectamente natural para una persona mayor o para alguien de otra región del país.

Esto es especialmente visible en el español argentino. Nuestro vocabulario reúne argentinismos, lunfardismos, regionalismos, expresiones gauchescas, términos políticos e históricos y palabras que fueron perdiendo presencia con el paso de las generaciones.

El Diccionario Nacional intenta reunir esas distintas capas de nuestra lengua. Los argentinismos muestran muchas de las formas que todavía utilizamos; esta sección se detiene también en aquellas que están retrocediendo, transformándose o quedando en la memoria.

En desuso no significa desaparecido

Esta distinción es importante.

Una palabra puede encontrarse en desuso sin haber desaparecido. Puede seguir siendo reconocible, comprensible e incluso utilizada, aunque ya no forme parte del vocabulario cotidiano de buena parte de los hablantes.

También puede ocurrir que una expresión sobreviva dentro de una familia, una comunidad, una provincia o una determinada generación. En esos casos, decir que está “muerta” sería demasiado sencillo: la palabra continúa teniendo una vida social, aunque sea mucho más limitada que en el pasado.

Por eso, en este apartado podemos encontrar diferentes situaciones:

  • palabras que prácticamente desaparecieron del habla cotidiana;
  • expresiones que todavía se comprenden pero rara vez se utilizan;
  • palabras que sobreviven entre generaciones mayores;
  • términos que continúan siendo frecuentes en determinadas regiones;
  • expresiones que quedaron asociadas a una época;
  • palabras que fueron reemplazadas progresivamente por otras;
  • palabras que fueron reemplazadas progresivamente por otras;y formas de hablar que todavía sobreviven, aunque comiencen a resultar antiguas.

El límite entre lo habitual, lo poco frecuente y lo antiguo tampoco es siempre preciso. El lenguaje no cambia de un día para otro.

Las palabras viven mientras alguien las usa

Aquí aparece una tercera cuestión.

Para Ludwig Wittgenstein, en sus Investigaciones filosóficas, el significado de una palabra está ligado a su uso dentro de determinadas prácticas sociales. No aprendemos simplemente una lista de definiciones: aprendemos a utilizar las palabras participando de diferentes situaciones de habla.

Desde esta perspectiva, cuando una práctica cambia, también puede cambiar el lenguaje que la acompaña.

Una palabra puede dejar de utilizarse porque aquello que nombraba dejó de formar parte de la vida cotidiana. Una expresión puede ser reemplazada porque una nueva generación encontró otra manera de decir lo mismo. Y una palabra antigua puede sobrevivir porque todavía existe un contexto en el que alguien la utiliza.

Por eso recuperar estas expresiones no consiste solamente en rescatar palabras “raras”. También consiste en reconstruir las formas de vida que hicieron posible que esas palabras fueran habituales.

Una pequeña arqueología del habla argentina

Cada palabra en desuso guarda, de alguna manera, una pequeña historia.

Detrás de una expresión pueden aparecer objetos que ya no utilizamos, costumbres que cambiaron, relaciones sociales diferentes, formas de entretenimiento desaparecidas o maneras de relacionarnos que hoy nos resultan extrañas.

Por eso este apartado del Diccionario Nacional funciona también como una pequeña arqueología del habla argentina.

Vamos a buscar esas palabras antes de que queden completamente olvidadas: preguntar qué significaban, quiénes las utilizaban, cuándo fueron habituales, en qué lugares sobrevivieron y qué palabras o expresiones ocuparon después su lugar.

Porque registrar una palabra antes de que desaparezca también es registrar una parte de la historia de quienes la hablaron.

Y quizás, mientras recorremos estas expresiones, descubramos algo curioso: algunas palabras que creemos completamente muertas todavía están escondidas en algún lugar de nuestra memoria.

No todo lo que está en desuso está desaparecido. A veces una palabra simplemente está esperando que alguien vuelva a decirla.

Para Profundizar: Fuentes y lecturas sugeridas

  • Saussure, F. de. Curso de lingüística general. (Ver)
  • Vidal de Battini, B. E. El español de la Argentina. (Ver)
  • Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas. (Ver)
  • Bajtín, M. Teoría y estética de la novela. (Ver)

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