Lunfardismos

El argot o jerga popular originado a finales del siglo XIX en la región del Río de la Plata.

sustantivo masculino

  1. Lingüística. Vocablo, giro o expresión perteneciente al lunfardo. Términos como “laburo” o “chamuyo” son lunfardismos profundamente arraigados en el habla rioplatense.
  2. Lingüística. Tendencia o hábito de emplear voces o modismos propios del lunfardo en el lenguaje cotidiano, oral o escrito.

Etimología: Derivado de lunfardo (del dialecto romanesco lumbardo ‘lombardo’, utilizado originalmente como ‘ladrón’ en la jerga carcelaria porteña de finales del siglo XIX) más el sufijo -ismo (que denota peculiaridad o fenómeno lingüístico).


Ahora explicado en argentino

Unos amigos se encuentran en el cafetín del rioba después de varios meses sin verse. Uno llega tarde, chascudo y con cara de no haber pegado un ojo en toda la noche.

—¡Mirá quién apareció! ¿Dónde te habías rajado, hermano? Te estuve llamando toda la semana.

Le tira el que estaba adentro del boliche.

El fiolo que entra tronco porque de queruza pispiaba a una nami, se suma al reñidero.

—No me rompas las bolas. Anduve medio enfierrado con unos quilombos del laburo.

¡Los estaba chamuyando, con la caripela de rastrillo que tenía!


¿Qué es el lunfardismo?

Hace un tiempo nos preguntamos ¿para qué necesitamos un diccionario argentino? y llegamos a que una lengua le pertenece a quienes la hablan, y que el español de acá es una lengua polifónica, hecha de voces que conviven: la gauchesca, los regionalismos, las palabras en desuso, la capa político-histórica y, entre todas, el lunfardo. Después vimos por qué los argentinos hablamos diferente y concluimos que no nos desviamos de ningún “español correcto”. Heredamos una variante concreta del castellano y la mantuvimos viva en el uso cotidiano.

Nos queda una pregunta pendiente, la más nuestra de todas: ¿qué es exactamente un lunfardismo, y por qué una palabra nacida en los márgenes de Buenos Aires terminó en boca de todo el país?

Una palabra, un vocabulario

Un lunfardismo es una palabra o expresión que proviene del lunfardo. Conviene aclarar qué es el lunfardo, porque suele confundirse con un idioma o un dialecto aparte. No lo es: no tiene gramática propia ni sonidos propios. Es un vocabulario que vive adentro del español rioplatense y se apoya en su estructura. Cuando alguien dice “ayer me fui a laburar y volví con una fiaca terrible”, la sintaxis, los verbos y hasta el voseo son españoles. Lo lunfa son dos palabras, y alcanzan para que la frase suene inconfundiblemente porteña.

La palabra “lunfardo” también tiene historia. La explicación más aceptada la hace derivar de lunfa, voz del romanesco (el dialecto de Roma) para “ladrón”, que se emparenta con lombardo. Al principio, entonces, “hablar en lunfardo” era hablar como hablaban los ladrones.

Del hampa al conventillo

Hacia fines del siglo XIX, Buenos Aires y Montevideo recibieron oleadas de inmigrantes, sobre todo italianos, pero también españoles, franceses, portugueses y de otras procedencias. Se cruzaron con el criollo, con el habla del arrabal y con la jerga de los ladrones y de la cárcel. Los criminólogos y periodistas de la época empezaron a anotar esas palabras raras que circulaban entre delincuentes, y la primera imagen que quedó del lunfardo fue la de una jerga del delito.

Esa imagen se quedó corta, porque en los conventillos, los puertos, los mercados y los patios la gente común usaba y transformaba esas mismas voces. Del italiano vino laburo (de lavoro) y fiaca (de fiacca), y del portugués del Brasil, bondi (de bonde, el tranvía). También apareció un recurso propio, el vesre, que da vuelta las sílabas: tango se volvió gotán, café se volvió feca y mujer, jermu. Así se armaron palabras nuevas con material viejo.

Del margen al centro: un juego de lenguaje

Wittgenstein sostenía que las palabras viven dentro de “juegos de lenguaje”, prácticas compartidas donde el significado se aprende usando. El lunfardo original era eso: un juego de lenguaje de un grupo. Servía para no ser entendido por los de afuera, para reconocerse entre iguales y para marcar quién pertenecía y quién no.

Lo notable es lo que pasó después. El tango, el sainete, el teatro popular y la radio sacaron esas voces de los márgenes y las pusieron a circular por toda la ciudad, y desde ahí llegaron al resto del país. Muchas terminaron incluso en los diccionarios académicos. Palabras que nacieron para excluir se volvieron una forma de incluir, y lo que era código de unos pocos pasó a ser identidad de todos.

Una voz más en el coro

Este recorrido confirma la idea de Bajtín que ya traíamos: ninguna palabra es neutra, y cada una arrastra los ecos de los contextos donde vivió antes. Un lunfardismo es un caso extremo de eso. Laburo carga a la vez el trabajo del inmigrante genovés y la esquina porteña, y bondi carga un tranvía brasileño y el colectivo de todos los días.

Por eso el lunfardo no es una curiosidad pintoresca. Es el registro más visible de cómo se hizo el habla argentina: entre gente que venía de todos lados, sin pedir permiso a ninguna academia. Y por eso tiene lugar propio en un diccionario nacional, porque dejarlo afuera sería contar a medias cómo hablamos.

La respuesta corta

Un lunfardismo es una palabra o expresión del lunfardo, un vocabulario nacido en el Río de la Plata a fines del siglo XIX de la mezcla entre la jerga del delito, el criollo y las lenguas de la inmigración. No es un idioma aparte sino una capa del español rioplatense. Empezó como código de pertenencia de un grupo (Wittgenstein), llegó a todo el país por el tango y el habla popular, y hoy es una de las voces que forman la polifonía del español argentino (Bajtín).

Para profundizar: Fuentes y lecturas sugeridas

  • Gobello, J. Nuevo diccionario lunfardo. (Ver)
  • Conde, O. Diccionario etimológico del lunfardo. (Ver)
  • Vidal de Battini, B. E. El español de la Argentina. (Ver)
  • Bajtín, M. Problemas de la poética de Dostoievski. (Ver)
  • Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas. (Ver)

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