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  • El León y las ovejas: Milei y la nueva militancia libertaria

    El León y las ovejas: Milei y la nueva militancia libertaria

    En el artículo anterior propusimos que la militancia es mucho más que una herramienta electoral: es una forma de identidad. La serie busca comprender las distintas identidades militantes y que tipo de influencia puede generar en las elecciones 2027. Vamos a recorrer el mapa que empezamos a dibujar el artículo anterior. (Click para leer el artículo anterior)

    Todo el mundo habla de los trolls, de las redes, de TikTok, estamos llenos de grupos de whatsapp que rara vez leemos, los medios cambian, pero la identidad permanece. 

    Si el objetivo es comprender cómo cambiaron las identidades militantes con el ingreso de la militancia por redes, resulta difícil encontrar un caso más disruptivo que el de La Libertad Avanza. En apenas unos años apareció un espacio político prácticamente inexistente que logró construir una militancia propia e identitaria hasta llegar a la presidencia. Eso es raro. Muy raro. Esa rareza merece ser explicada. ¿Cómo militan los libertarios? ¿Qué hace que alguien quiera militar para Milei? ¿Qué tipo de identidad ofrece el espacio de Milei? ¿Qué valores propone? ¿Qué vínculo construye con su líder? ¿Qué forma de organización produce? Son algunas de las preguntas que vamos a intentar responder. 

    Hola a todos, yo soy Javier Milei

    En los inicios del outsider de la política el contacto con su militancia era directo. Son miles las anécdotas de militantes hablando por chat privados con su líder, las llamadas por los cumpleaños, los encuentros compartidos. Para ellos no era un político, era el javo. Eso generó una gran identificación inicial con el líder. Milei no era solamente el personaje de la tele, no era solo el personaje controversial que vino a romper la política como un rockstar demoliendo hoteles, era una persona cercana. Esa misma persona que ante la sociedad era un friki inadaptado tenía tras de sí a muchos, que como él, ya no se sentían parte de la sociedad desde la irrupción del progresismo y el aislamiento social. Este fenómeno aparece con claridad en la entrevista que realizamos a un ex militante libertario, donde relata cómo fue el proceso de identificación con Milei, las motivaciones que lo llevaron a incorporarse al espacio y las razones de su posterior alejamiento. (Ver entrevista)  Milei le dio a esa militancia un porqué, un horizonte, una identidad. 

    Esto marca en un estadio inicial un fuerte contacto emocional con el líder, acompañado de una mimesis realista, aquella en donde la obra se vuelve un espejo. Un otro yo, con las mismas condiciones, cualidades, visión. Para quienes se habían ubicado en un margen emocional de la sociedad, encontrar un líder, que a su vez provenga de dichos márgenes, traspola una confianza absoluta. Un otro como yo tiene la posibilidad de hacer lo que siempre quise hacer. La ecuación perfecta. Y eso se convirtió luego en la fórmula del éxito para Milei, una militancia convencida, esperanzada, identificada, capaz de transmitir esas convicciones a su entorno y replicar el discurso. Para defender algo con ganas, primero hay que apropiarlo. Los mejores mercaderes no te venden un producto, te contagian el entusiasmo de haberlo elegido. No hacía falta entender una propuesta o un proyecto. La ecuación era sencilla, él es uno de nosotros y piensa como nosotros, va a hacer lo que haríamos nosotros.

    Pero hay una figura más que completa este cuadro: la del militante inorgánico, que en La Libertad Avanza adquiere una forma particular, la del voto bronca. Bajo la lógica de, el enemigo de mi enemigo es mi amigo, buena parte del apoyo a Milei no surgió de la adhesión a un programa de gobierno, sino del deseo de castigar a la casta. Muchos de quienes replicaban su discurso ni siquiera coincidían con varias de sus propuestas. Sin embargo, la furia que Milei dirigía contra la dirigencia política expresaba un sentimiento que ellos también compartían. Una parte importante de la sociedad estaba cansada de no ser escuchada. Veía una clase política desconectada de la realidad, discutiendo problemas que sentía ajenos, mientras el poder adquisitivo caía desde 2014 sin que apareciera una respuesta convincente. Los representantes habían dejado de seducir.

    ¿Cómo sabemos que esa adhesión no era necesariamente programática? Ese fenómeno podía verse con claridad en las entrevistas que Crónica TV realizaba antes de las elecciones. A los entrevistados les hacían tres preguntas: si estaban a favor de la educación pública, de la salud pública y a quién pensaban votar. En la enorme mayoría de los casos respondían que defendían tanto la educación como la salud públicas, pero que igualmente votarían a Milei. (Ver video) Cuando el periodista les señalaba la aparente contradicción, la respuesta solía ser la misma: Está loco, no lo van a dejar hacer lo que quiere. La pregunta, entonces, era inevitable: ¿quiénes eran esos que no lo iban a dejar? 

    Las fuerzas del cielo

    Promulgadores de una de las frases con más épicas en la política de los último año “En una batalla, la victoria no depende del número de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo” Macabeos (3:19) Las fuerzas del cielo fue por muchos años la militancia oficial del espacio libertario.Un espacio ultra identitario, que vendía aura, mística,con ciertos tintes ritualísticos y por momentos sectario.

    En un momento, mi curiosidad me llevó a querer averiguar más de este manejo. Conocí a algunas personas que pertenecían a este espacio, y me generó curiosidad la forma de hablar, como la de no hablar de ciertas cosas. Y digo no hablar, porque una de las bajadas directas del espacio era no pasarle información a las “kukas”, no había que debatir con ellos, había que psicopatearlos. La imagen de ellos y nosotros está bien marcada dentro de LLA. Los kukas son para ellos todo el universo político, sin distinción, que no sea ello (peronistas, kirchneristas, izquierdistas, etc) y deben ser manipulados psicológicamente para bajarles su moral. Esto es muy marcado en los espacios de twitter, en donde ante cualquier debate de la actualidad es llevado de forma mecánica por ellos hacia algún “error” anterior que sea plausible dependiendo el interlocutor. 

    Ante esta dificultad de entender el espacio desde afuera intenté ingresar a sus grupos para ver de qué se trataba. El resultado no fue favorable. Había varios filtros que requería, entre otras cosas, que pasarás tus redes sociales, obviamente no podía cumplir ese requerimiento. De todas formas, mi curiosidad me llevó a seguir averiguando. Hablaba con conocidos que estaban adentro, seguía sus posteos en redes, estudiaba sus símbolos, miraba algunos de sus programas referenciales para ver que escuchaban, que veían, que se les decían públicamente. Hasta que pude entender la mística que se les ofrecía. 

    El vínculo con la cruz orlada de parravicini me dio la primera clave. Uno de los emprendedores, militante y vendedor de merchandising del espacio intentó vender un collar con la cruz orlada, igual a los que usan algunas personas de las fuerzas del cielo. Acto seguido empezó a recibir una avalancha de insultos, raro para quienes se supone que tiene al capital como el único vector. La mayoría de ellos decía que ese no era un producto de comercialización, que debía ganarse ¿Cómo se gana? ¿Qué se debe hacer? la única respuesta que conseguí fue, por mérito. Pero no fue mi única alerta sobre lo místico vinculado al espacio político. Alguna persona que profesan el sionismo cristiano y hablan de Milei como el mesías, quizás apoyado en los dichos de Milei en Neura Media en donde dice ”yo soy judio y voy a liberar al pueblo judio, desde acá” El detalle de todos estos temas lo hablo en mis videos de youtube (ver enlace) 

    Como vimos, la visión metafísica no escapa de este espacio político. El concepto del orden espontáneo está presente tácita o intácitamente dentro de la ontología de este pensamiento. El orden espontáneo es la creencia que la armonía secreta del universo donde mil hilos invisibles, sin que nadie los teja, tejen el tapiz del mundo. Esta visión no es nueva, encontramos antecedentes en Adam Smith, quien tuvo influencias de la teología natural para pensar en la mano invisible del mercado. El protestantismo y el calvinismo también pensaban que los procesos de autorregulación social y económica eran manifestaciones de la providencia, al igual que la escuela de Salamanca. Esto también está presente en el Taoísmo, quienes ven en la acción sin esfuerzo ni interferencia la posibilidad del surgimiento del tao, el orden natural del universo.        

    Problemas en el paraíso  

    Pero como toda relación romántica sufre desgastes. A esto se le suma que el líder que salió de los márgenes ahora se ubicó en el centro. Ya el diálogo no era el mismo, ser antipolítica y criticar la misma desde afuera tiene sentido, pero cuando es tiempo del quehacer esto adquiere otra complejidad. En una primera parte, se sostuvo bajo el fuerte vínculo sentimental e identitario construido, pero en el transcurso del tiempo esto no bastó. 

    A las peleas internas, entre las fuerzas del cielo y Karina Milei, que detallo en este video (enlace), se le sumó la poca efectividad en la vida cotidiana del modelo. Es que la gran masa de los militantes libertarios son pibes jóvenes de clase baja que ya venían de una mala situación económica, pero que con la crisis vieron agravada su situación y la de sus familias. Además, ante las críticas de la situación económica o las críticas sobre ciertas situaciones en el gobierno, la respuesta fue el amedrentamiento. Con frases conocidas como, “el que se queja es kuka” trataban de invalidar y menospreciar cualquier experiencia personal de los militantes dentro del propio espacio. La pelea entre los espacios de militancia y el lugar que ocupaban dentro de las decisiones de gobierno, también ayudó al desgaste. Con el ingreso de la militancia de el Nene Vera se buscó silenciar las críticas internas y sacarle peso a la militancia originaria. Como otras micropeleas que detallo en estos videos. (enlace) Todas estas situaciones fueron cortando para una parte de su militancia ese lazo primigenio. No fue una ruptura provocada por una gran tormenta, sino el cansancio acumulado de pelear contra distintos vientos. 

    Pero a su vez fue puliendo un núcleo duro y ultra dogmático, aquellos que mantienen su lealtad más allá de lo real y las adversidades. La misma actitud que ellos mismos desde afuera denominaban como de termos o de ovejas. 

    Este núcleo duro tiene categorías propias con las que analiza la realidad. Hay una fuerte creencia en la mano invisible del mercado. Repiten como fórmula infalible la idea que, los individuos buscando su propio beneficio económico son guiados por una fuerza que promueve el bienestar de toda la comunidad sin planearlo. Por eso ante cualquier noticia de cierre de fábricas o de un local que se funde, comentan que deben reconstruirse, como si el problema no fuera el poder adquisitivo sino la oferta del servicio o del producto. Es normal escucharlos hablar de izquierda o derechas, en donde, segun su vision, la izquierda es globalista y la derecha nacionalista. Ven con buenos ojos la alianza que Milei tiene con Trump, a quien ven como el garante del rumbo nacionalista.   

    En cuanto a la realidad cotidiana, son conscientes que la economía doméstica no está bien. Ante esto, algunos dicen que hay que esperar treinta años para ver los cambios. Otros dicen que no se sienten del todo, pero que hay indicios de mejoras en la liberación de la importaciones, que permite comprar ropa de Temu más barata, en la baja de inflación, o en la búsqueda de inversiones extranjeras o del equilibrio fiscal. En ambos caso sienten insuficientes las acciones del gobierno, pero también tienen la convicción personal que este es el rumbo.

    ¿Fin?

    De cara a 2027 el verdadero desafío para La Libertad Avanza no será conservar a quienes ya creen, sino volver a seducir a quienes alguna vez encontraron en Milei parte de ese reflejo propio. Todavía no se vislumbra acciones o estrategias orientadas hacia eso. Aunque el vuelco “nacionalista” de Milei sobre el tema Malvinas podria empezar a dar un indicio. Y quizás, de cara a las elecciones, la pregunta ya no es cuántos seguirán siendo libertarios, sino cuántos de aquellos votantes ocasionales volverán a elegirlo. El voto bronca puede conquistar una elección, pero difícilmente pueda sostener un proyecto de gobierno durante años si no ve cambios sustanciales. Una estrategia posible será profundizar la fragmentación de los espacios que pueden disputarle ese electorado, consolidando a La Libertad Avanza como la principal referencia del liberalismo argentino.   

    La Libertad Avanza mostró que una comunidad política puede construirse sobre la identificación emocional con un líder, la pertenencia digital y la oposición a un enemigo común. Pero también mostró sus límites: cuando la emoción deja de alcanzar, la militancia exige resultados. Así como su ascenso fue vertiginoso, también comenzaron a aparecer con rapidez las primeras señales de desgaste. En 2027 no solo estará en juego el futuro de Milei, sino también la capacidad de este nuevo modelo de militancia para sobrevivir al paso del tiempo. Si el modelo de Milei fracasa, ya se dejará la ilusión de que solo con la redes sociales basta para instalar un presidente y se volverá a abrir el abanico de opciones.

    LLA ha quemado etapas mucho más rápido que cualquier otra fuerza política reciente. Pero también consolidó, en poco tiempo, un núcleo militante fuertemente identitario. Más allá de lo que ocurra en 2027, parece haber logrado algo que durante décadas resultó esquivo: darle al liberalismo una organización política propia con capacidad de disputar el poder. Habiéndo absorbido al PRO, consolida por primera vez el partido liberal en Argentina desde la generación del 37 y sin usar dictaduras militares. Esa es, quizás, su transformación más profunda. Porque la discusión ya no gira únicamente alrededor de Javier Milei, sino del regreso de un viejo antagonismo de la política argentina: la tensión entre el proyecto liberal y el proyecto nacional. Sobre ese conflicto histórico ya escribí en este artículo. (Patria o Colonia)

    Esta es la segunda entrega de la serie “¿Qué pasó con la militancia?”

    En esta ocasión analizamos la figura de Javier Milei. En las próximas entregas vamos a analizar, con las mismas herramientas presentadas en el primer video de la serie (Ver) las distintas formas de militancia que están disputando el escenario político argentino.

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  • ¿Qué pasó con la militancia?

    ¿Qué pasó con la militancia?

    Milei, Cristina, Kicillof y la crisis de los partidos

    Organización, valores y afectividad en la política argentina actual

    La irrupción de Javier Milei y La Libertad Avanza, las tensas internas del peronismo en torno a las figuras de Cristina Kirchner y Axel Kicillof, y la aparición de nuevas formas de militancia configuran un escenario de transformación en la política argentina. Hace veinte años un militante repartía volantes en una esquina. Hoy puede pasar cinco horas defendiendo a un dirigente desde su cuenta de Twitter sin conocer a un solo compañero de su barrio. Pero sea en Twitter o en un local partidario, hay algo que nunca cambia: militar siempre es un acto identitario.

    Militar no consiste solamente en apoyar una lista o compartir un programa de gobierno. Quien milita incorpora una forma de interpretar la realidad, construye vínculos, adopta determinados valores y encuentra un espacio de pertenencia. En ese sentido, la militancia dice tanto sobre una persona como sus gustos musicales, su profesión o el grupo social con el que elige identificarse. Comprender esa identidad es, quizás, una de las formas más interesantes de comprender la política argentina actual: precisamente porque la militancia es una forma de identidad, entender a los militantes resulta tan importante como analizar a los propios dirigentes.

    En los próximos meses veremos a candidatos recorrer estudios de televisión, participar en debates, presentar propuestas. Sin embargo, existe un actor mucho menos visible que suele recibir bastante menos atención: el militante. Es quien conversa con su familia, con sus compañeros de trabajo y con sus vecinos. Es quien traduce las grandes consignas políticas al lenguaje cotidiano. Y muchas veces es esa conversación, más que un discurso televisivo, la que termina inclinando un voto. Es quien conoce las preocupaciones diarias de su entorno, quien sabe qué tan preocupado está por ciertos temas, qué le importa menos, y quien puede hablarle a su entorno en un lenguaje cercano.

    ¿Qué hay que mirar para comprender a un militante?

    Para responder esa pregunta no alcanza con mirar las encuestas ni los resultados electorales. Tampoco alcanza con escuchar los discursos de los dirigentes. Si queremos entender qué significa militar hoy, tenemos que mirar al propio militante. ¿Qué lo llevó a involucrarse? ¿Qué valores lo sostienen cuando las cosas salen mal? ¿Qué tipo de vínculo construye con su dirigente? ¿Cómo se relaciona con quienes piensan distinto? ¿Y qué tipo de organización hace posible esa militancia?

    Esas cinco preguntas serán el hilo conductor de toda la serie: las iremos respondiendo espacio por espacio, para ir construyendo un mapa de las distintas identidades militantes que existen hoy en la Argentina.

    No todo lo que aparezca en estos artículos tendrá el mismo carácter. Habrá momentos en los que simplemente describa un fenómeno, otros en los que intente interpretarlo, y otros en los que defienda una posición propia. Intentaré que esa diferencia sea siempre clara, para que el lector pueda distinguir cuándo estoy contando un hecho, cuándo estoy proponiendo una lectura y cuándo estoy expresando una opinión.

    El personalismo político argentino

    Antes de entrar en cada espacio, hace falta detenerse en un rasgo que va a atravesar toda la serie: el personalismo. Y no es un desvio, es la razón por la que esta serie va a analizar la militancia a partir de los referentes, y no de los partidos.

    El personalismo es uno de los rasgos más marcados y persistentes en la historia, la cultura y, sobre todo, en la política argentina. Desde el caudillismo del siglo XIX, con figuras como Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas, pasando por la democracia de masas de Hipólito Yrigoyen, hasta la consagración del modelo con el movimiento político por excelencia, el de Juan Domingo Perón: Argentina ha mostrado en la práctica política una fuerte identificación con sus líderes, por encima de las propias instituciones y las plataformas programáticas. Son muchos los porqués: tan apasionantes como nuestra propia historia, tan atractivos como el carisma de nuestros líderes y tan extensos como nuestras tristezas.

    Lo que busco explicar con esto es que el apego a la figura del líder viene inscrito en nuestro inconsciente colectivo. Por eso, hoy, ante la irrupción de un nuevo actor político, se dice casi dogmáticamente el nombre de la persona más un sufijo “-ismo”, como si esa persona estuviera generando un movimiento o una doctrina propia. Y es justamente por esto que, ante la disputa de los -ismos, tiene más sentido preguntarse por el vínculo que une a cada dirigente con su militancia activa que por la estructura formal del partido que dice representarlo. Es la clave que explica por qué esta serie va a recorrer referentes como, Milei, Cristina, Kicillof, y los que sigan. En lugar de recorrer siglas partidarias: en la Argentina, muchas veces el partido es apenas el envase de algo que se sostiene, en verdad, en el vínculo con una persona.

    ¿Qué lleva a una persona a militar en un espacio?

    El militante pocas veces se detiene a pensar qué es lo que lo une con su dirigente: simplemente lo da por lógico. La realidad es que nadie milita solamente porque crea que un programa de gobierno es correcto. Compartir ideas es una condición necesaria, pero no suficiente.

    Cuando uno habla con un militante siempre aparece el intercambio de visiones y perspectivas, pero pocas veces se habla de los vínculos reales que sostienen el acto de militar en determinado lugar. Si indagamos un poco más, a veces encontramos cuestiones biográficas y contextuales. En cuanto al contexto y al entorno, hay quienes militan en un espacio por herencia (ya vienen con esa pertenencia dentro del propio círculo familiar). Otra opción es la influencia del entorno en el que transcurren sus días, pero ahí hay un matiz: esa militancia, cuando cambia el entorno, suele terminarse o mudarse de espacio, por lo cual tampoco es el foco de este análisis.

    Lo que buscamos analizar es la conducta humana desde un esquema lógico y simplificado, para entender cómo una persona elige una opción sobre otra. Primero habría que establecer el marco de creencias del individuo: la militancia busca modelar el mapa invisible de cada persona, encender sus certezas, nombrar la realidad y afinar el cristal a través del cual contempla y comprende el mundo. Una vez establecida una visión, esta se encuentra con la realidad, y ahí operan los deseos y preferencias en la interacción con el mundo. Los espacios políticos nunca reflejan el cien por ciento del pensamiento de un individuo; por eso la persona busca, entre los espacios de representación disponibles, cuál se le asemeja más. Y luego de esa elección viene el plano de la acción: el individuo elige, dentro del conjunto de opciones disponibles, el espacio político que, dadas sus creencias, maximiza la probabilidad de obtener el resultado que más prefiere.

    Pero después de la elección viene la permanencia. Una persona permanece en un espacio político porque ocurren tres cosas al mismo tiempo. Primero, siente que ese espacio interpreta el mundo de una manera parecida a la suya: le pone palabras a cosas que ya intuía y le ofrece una explicación coherente de la realidad. Asumir una militancia es elegir un discurso: trazar una arquitectura de razones que no solo explica cómo funciona el mundo, sino que le da un orden y un sentido colectivo a la realidad. Segundo, se reconoce en determinados dirigentes cualidades que considera valiosas: no solo escucha lo que dicen, sino que confía en quiénes son, o en quiénes cree que son. La elección de un militante es el hallazgo de un espejo: convocar a un otro en quien reconocemos nuestro propio rostro, unas veces igual, otras mejorado, pero siempre unido por el mismo reflejo. Y tercero, se conmueve: hay discursos, símbolos, recuerdos, enojos y esperanzas que lo movilizan emocionalmente y le hacen sentir algo que lo empuja a la acción. Aristóteles ya lo había advertido en la Retórica: la persuasión nunca depende exclusivamente de los argumentos.

    ¿Qué significa militar hoy?

    En los próximos artículos nos adentraremos en el mapa de las fuerzas, y sobre todo de los referentes, que van a disputar el poder o marcar el compás en 2027, usando las mismas cinco preguntas para descifrar la arquitectura de identidad que propone cada espacio. El objetivo es mirar de cerca la matriz que moldea al militante: descubrir el prisma con el que aprende a interpretar la realidad, la razón con la que construye su discurso y el espejo en el que se reconoce al elegir a sus pares y a su líder.

    Cada artículo estará dedicado a un espacio político distinto, pero todos serán observados con las mismas herramientas. Así llegaremos a una pregunta final: ¿qué tienen realmente en común un militante libertario, uno kirchnerista y uno del Movimiento Derecho al Futuro? ¿Son expresiones de una misma crisis, o formas completamente distintas de entender el compromiso político? La indagación trasciende la coyuntura para tocar algo más de fondo. Tal vez la verdadera incógnita no sea quién ganará la próxima elección, sino qué tipo de ciudadano está germinando en cada trinchera política. Es posible que la mayor distancia no resida únicamente en las banderas que defienden, sino en el tipo de subjetividad que forman, el modelo de dirigente en el que se reflejan y la arquitectura de sociedad que imaginan para el futuro.

    Esta es la primera entrega de la serie “¿Qué pasó con la militancia?”

    En las próximas entregas vamos a analizar, con las mismas herramientas, las distintas formas de militancia que están disputando el escenario político argentino.

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    ¿Qué pasó con la militancia?

    Este artículo es el punto de partida de una serie en la que nos preguntamos cómo cambió la forma de hacer política y, sobre todo, cómo se construyen hoy las identidades militantes.

    En el video presentamos algunas de las herramientas que vamos a utilizar para pensar este fenómeno: desde las unidades básicas y la transformación del territorio hasta José Luis Romero, Aristóteles, la mímesis, Jon Elster, la construcción del adversario político y el papel de las redes y los comunicadores intermedios.

    ▶️ Mirá el video y acompañá el desarrollo de la serie: “¿Qué pasó con la militancia?”

    Para Profundizar: Fuentes y lecturas sugeridas

    • Aristóteles, Retórica. (Ver)
    • José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina. (Ver)
    • John von Neumann y Oskar, Teoría de juegos y comportamiento económico. (Ver)
    • Robert E. Park, La prensa inmigrante y su contro. (Ver)
    • Paul Lazarsfeld, Bernard Berelson y Hazel Gaudet, El pueblo elige. (Ver)