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  • El León y las ovejas: Milei y la nueva militancia libertaria

    El León y las ovejas: Milei y la nueva militancia libertaria

    En el artículo anterior propusimos que la militancia es mucho más que una herramienta electoral: es una forma de identidad. La serie busca comprender las distintas identidades militantes y que tipo de influencia puede generar en las elecciones 2027. Vamos a recorrer el mapa que empezamos a dibujar el artículo anterior. (Click para leer el artículo anterior)

    Todo el mundo habla de los trolls, de las redes, de TikTok, estamos llenos de grupos de whatsapp que rara vez leemos, los medios cambian, pero la identidad permanece. 

    Si el objetivo es comprender cómo cambiaron las identidades militantes con el ingreso de la militancia por redes, resulta difícil encontrar un caso más disruptivo que el de La Libertad Avanza. En apenas unos años apareció un espacio político prácticamente inexistente que logró construir una militancia propia e identitaria hasta llegar a la presidencia. Eso es raro. Muy raro. Esa rareza merece ser explicada. ¿Cómo militan los libertarios? ¿Qué hace que alguien quiera militar para Milei? ¿Qué tipo de identidad ofrece el espacio de Milei? ¿Qué valores propone? ¿Qué vínculo construye con su líder? ¿Qué forma de organización produce? Son algunas de las preguntas que vamos a intentar responder. 

    Hola a todos, yo soy Javier Milei

    En los inicios del outsider de la política el contacto con su militancia era directo. Son miles las anécdotas de militantes hablando por chat privados con su líder, las llamadas por los cumpleaños, los encuentros compartidos. Para ellos no era un político, era el javo. Eso generó una gran identificación inicial con el líder. Milei no era solamente el personaje de la tele, no era solo el personaje controversial que vino a romper la política como un rockstar demoliendo hoteles, era una persona cercana. Esa misma persona que ante la sociedad era un friki inadaptado tenía tras de sí a muchos, que como él, ya no se sentían parte de la sociedad desde la irrupción del progresismo y el aislamiento social. Este fenómeno aparece con claridad en la entrevista que realizamos a un ex militante libertario, donde relata cómo fue el proceso de identificación con Milei, las motivaciones que lo llevaron a incorporarse al espacio y las razones de su posterior alejamiento. (Ver entrevista)  Milei le dio a esa militancia un porqué, un horizonte, una identidad. 

    Esto marca en un estadio inicial un fuerte contacto emocional con el líder, acompañado de una mimesis realista, aquella en donde la obra se vuelve un espejo. Un otro yo, con las mismas condiciones, cualidades, visión. Para quienes se habían ubicado en un margen emocional de la sociedad, encontrar un líder, que a su vez provenga de dichos márgenes, traspola una confianza absoluta. Un otro como yo tiene la posibilidad de hacer lo que siempre quise hacer. La ecuación perfecta. Y eso se convirtió luego en la fórmula del éxito para Milei, una militancia convencida, esperanzada, identificada, capaz de transmitir esas convicciones a su entorno y replicar el discurso. Para defender algo con ganas, primero hay que apropiarlo. Los mejores mercaderes no te venden un producto, te contagian el entusiasmo de haberlo elegido. No hacía falta entender una propuesta o un proyecto. La ecuación era sencilla, él es uno de nosotros y piensa como nosotros, va a hacer lo que haríamos nosotros.

    Pero hay una figura más que completa este cuadro: la del militante inorgánico, que en La Libertad Avanza adquiere una forma particular, la del voto bronca. Bajo la lógica de, el enemigo de mi enemigo es mi amigo, buena parte del apoyo a Milei no surgió de la adhesión a un programa de gobierno, sino del deseo de castigar a la casta. Muchos de quienes replicaban su discurso ni siquiera coincidían con varias de sus propuestas. Sin embargo, la furia que Milei dirigía contra la dirigencia política expresaba un sentimiento que ellos también compartían. Una parte importante de la sociedad estaba cansada de no ser escuchada. Veía una clase política desconectada de la realidad, discutiendo problemas que sentía ajenos, mientras el poder adquisitivo caía desde 2014 sin que apareciera una respuesta convincente. Los representantes habían dejado de seducir.

    ¿Cómo sabemos que esa adhesión no era necesariamente programática? Ese fenómeno podía verse con claridad en las entrevistas que Crónica TV realizaba antes de las elecciones. A los entrevistados les hacían tres preguntas: si estaban a favor de la educación pública, de la salud pública y a quién pensaban votar. En la enorme mayoría de los casos respondían que defendían tanto la educación como la salud públicas, pero que igualmente votarían a Milei. (Ver video) Cuando el periodista les señalaba la aparente contradicción, la respuesta solía ser la misma: Está loco, no lo van a dejar hacer lo que quiere. La pregunta, entonces, era inevitable: ¿quiénes eran esos que no lo iban a dejar? 

    Las fuerzas del cielo

    Promulgadores de una de las frases con más épicas en la política de los último año “En una batalla, la victoria no depende del número de soldados, sino de las fuerzas que vienen del cielo” Macabeos (3:19) Las fuerzas del cielo fue por muchos años la militancia oficial del espacio libertario.Un espacio ultra identitario, que vendía aura, mística,con ciertos tintes ritualísticos y por momentos sectario.

    En un momento, mi curiosidad me llevó a querer averiguar más de este manejo. Conocí a algunas personas que pertenecían a este espacio, y me generó curiosidad la forma de hablar, como la de no hablar de ciertas cosas. Y digo no hablar, porque una de las bajadas directas del espacio era no pasarle información a las “kukas”, no había que debatir con ellos, había que psicopatearlos. La imagen de ellos y nosotros está bien marcada dentro de LLA. Los kukas son para ellos todo el universo político, sin distinción, que no sea ello (peronistas, kirchneristas, izquierdistas, etc) y deben ser manipulados psicológicamente para bajarles su moral. Esto es muy marcado en los espacios de twitter, en donde ante cualquier debate de la actualidad es llevado de forma mecánica por ellos hacia algún “error” anterior que sea plausible dependiendo el interlocutor. 

    Ante esta dificultad de entender el espacio desde afuera intenté ingresar a sus grupos para ver de qué se trataba. El resultado no fue favorable. Había varios filtros que requería, entre otras cosas, que pasarás tus redes sociales, obviamente no podía cumplir ese requerimiento. De todas formas, mi curiosidad me llevó a seguir averiguando. Hablaba con conocidos que estaban adentro, seguía sus posteos en redes, estudiaba sus símbolos, miraba algunos de sus programas referenciales para ver que escuchaban, que veían, que se les decían públicamente. Hasta que pude entender la mística que se les ofrecía. 

    El vínculo con la cruz orlada de parravicini me dio la primera clave. Uno de los emprendedores, militante y vendedor de merchandising del espacio intentó vender un collar con la cruz orlada, igual a los que usan algunas personas de las fuerzas del cielo. Acto seguido empezó a recibir una avalancha de insultos, raro para quienes se supone que tiene al capital como el único vector. La mayoría de ellos decía que ese no era un producto de comercialización, que debía ganarse ¿Cómo se gana? ¿Qué se debe hacer? la única respuesta que conseguí fue, por mérito. Pero no fue mi única alerta sobre lo místico vinculado al espacio político. Alguna persona que profesan el sionismo cristiano y hablan de Milei como el mesías, quizás apoyado en los dichos de Milei en Neura Media en donde dice ”yo soy judio y voy a liberar al pueblo judio, desde acá” El detalle de todos estos temas lo hablo en mis videos de youtube (ver enlace) 

    Como vimos, la visión metafísica no escapa de este espacio político. El concepto del orden espontáneo está presente tácita o intácitamente dentro de la ontología de este pensamiento. El orden espontáneo es la creencia que la armonía secreta del universo donde mil hilos invisibles, sin que nadie los teja, tejen el tapiz del mundo. Esta visión no es nueva, encontramos antecedentes en Adam Smith, quien tuvo influencias de la teología natural para pensar en la mano invisible del mercado. El protestantismo y el calvinismo también pensaban que los procesos de autorregulación social y económica eran manifestaciones de la providencia, al igual que la escuela de Salamanca. Esto también está presente en el Taoísmo, quienes ven en la acción sin esfuerzo ni interferencia la posibilidad del surgimiento del tao, el orden natural del universo.        

    Problemas en el paraíso  

    Pero como toda relación romántica sufre desgastes. A esto se le suma que el líder que salió de los márgenes ahora se ubicó en el centro. Ya el diálogo no era el mismo, ser antipolítica y criticar la misma desde afuera tiene sentido, pero cuando es tiempo del quehacer esto adquiere otra complejidad. En una primera parte, se sostuvo bajo el fuerte vínculo sentimental e identitario construido, pero en el transcurso del tiempo esto no bastó. 

    A las peleas internas, entre las fuerzas del cielo y Karina Milei, que detallo en este video (enlace), se le sumó la poca efectividad en la vida cotidiana del modelo. Es que la gran masa de los militantes libertarios son pibes jóvenes de clase baja que ya venían de una mala situación económica, pero que con la crisis vieron agravada su situación y la de sus familias. Además, ante las críticas de la situación económica o las críticas sobre ciertas situaciones en el gobierno, la respuesta fue el amedrentamiento. Con frases conocidas como, “el que se queja es kuka” trataban de invalidar y menospreciar cualquier experiencia personal de los militantes dentro del propio espacio. La pelea entre los espacios de militancia y el lugar que ocupaban dentro de las decisiones de gobierno, también ayudó al desgaste. Con el ingreso de la militancia de el Nene Vera se buscó silenciar las críticas internas y sacarle peso a la militancia originaria. Como otras micropeleas que detallo en estos videos. (enlace) Todas estas situaciones fueron cortando para una parte de su militancia ese lazo primigenio. No fue una ruptura provocada por una gran tormenta, sino el cansancio acumulado de pelear contra distintos vientos. 

    Pero a su vez fue puliendo un núcleo duro y ultra dogmático, aquellos que mantienen su lealtad más allá de lo real y las adversidades. La misma actitud que ellos mismos desde afuera denominaban como de termos o de ovejas. 

    Este núcleo duro tiene categorías propias con las que analiza la realidad. Hay una fuerte creencia en la mano invisible del mercado. Repiten como fórmula infalible la idea que, los individuos buscando su propio beneficio económico son guiados por una fuerza que promueve el bienestar de toda la comunidad sin planearlo. Por eso ante cualquier noticia de cierre de fábricas o de un local que se funde, comentan que deben reconstruirse, como si el problema no fuera el poder adquisitivo sino la oferta del servicio o del producto. Es normal escucharlos hablar de izquierda o derechas, en donde, segun su vision, la izquierda es globalista y la derecha nacionalista. Ven con buenos ojos la alianza que Milei tiene con Trump, a quien ven como el garante del rumbo nacionalista.   

    En cuanto a la realidad cotidiana, son conscientes que la economía doméstica no está bien. Ante esto, algunos dicen que hay que esperar treinta años para ver los cambios. Otros dicen que no se sienten del todo, pero que hay indicios de mejoras en la liberación de la importaciones, que permite comprar ropa de Temu más barata, en la baja de inflación, o en la búsqueda de inversiones extranjeras o del equilibrio fiscal. En ambos caso sienten insuficientes las acciones del gobierno, pero también tienen la convicción personal que este es el rumbo.

    ¿Fin?

    De cara a 2027 el verdadero desafío para La Libertad Avanza no será conservar a quienes ya creen, sino volver a seducir a quienes alguna vez encontraron en Milei parte de ese reflejo propio. Todavía no se vislumbra acciones o estrategias orientadas hacia eso. Aunque el vuelco “nacionalista” de Milei sobre el tema Malvinas podria empezar a dar un indicio. Y quizás, de cara a las elecciones, la pregunta ya no es cuántos seguirán siendo libertarios, sino cuántos de aquellos votantes ocasionales volverán a elegirlo. El voto bronca puede conquistar una elección, pero difícilmente pueda sostener un proyecto de gobierno durante años si no ve cambios sustanciales. Una estrategia posible será profundizar la fragmentación de los espacios que pueden disputarle ese electorado, consolidando a La Libertad Avanza como la principal referencia del liberalismo argentino.   

    La Libertad Avanza mostró que una comunidad política puede construirse sobre la identificación emocional con un líder, la pertenencia digital y la oposición a un enemigo común. Pero también mostró sus límites: cuando la emoción deja de alcanzar, la militancia exige resultados. Así como su ascenso fue vertiginoso, también comenzaron a aparecer con rapidez las primeras señales de desgaste. En 2027 no solo estará en juego el futuro de Milei, sino también la capacidad de este nuevo modelo de militancia para sobrevivir al paso del tiempo. Si el modelo de Milei fracasa, ya se dejará la ilusión de que solo con la redes sociales basta para instalar un presidente y se volverá a abrir el abanico de opciones.

    LLA ha quemado etapas mucho más rápido que cualquier otra fuerza política reciente. Pero también consolidó, en poco tiempo, un núcleo militante fuertemente identitario. Más allá de lo que ocurra en 2027, parece haber logrado algo que durante décadas resultó esquivo: darle al liberalismo una organización política propia con capacidad de disputar el poder. Habiéndo absorbido al PRO, consolida por primera vez el partido liberal en Argentina desde la generación del 37 y sin usar dictaduras militares. Esa es, quizás, su transformación más profunda. Porque la discusión ya no gira únicamente alrededor de Javier Milei, sino del regreso de un viejo antagonismo de la política argentina: la tensión entre el proyecto liberal y el proyecto nacional. Sobre ese conflicto histórico ya escribí en este artículo. (Patria o Colonia)

    Esta es la segunda entrega de la serie “¿Qué pasó con la militancia?”

    En esta ocasión analizamos la figura de Javier Milei. En las próximas entregas vamos a analizar, con las mismas herramientas presentadas en el primer video de la serie (Ver) las distintas formas de militancia que están disputando el escenario político argentino.

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  • ¿Qué pasó con la militancia?

    ¿Qué pasó con la militancia?

    Milei, Cristina, Kicillof y la crisis de los partidos

    Organización, valores y afectividad en la política argentina actual

    La irrupción de Javier Milei y La Libertad Avanza, las tensas internas del peronismo en torno a las figuras de Cristina Kirchner y Axel Kicillof, y la aparición de nuevas formas de militancia configuran un escenario de transformación en la política argentina. Hace veinte años un militante repartía volantes en una esquina. Hoy puede pasar cinco horas defendiendo a un dirigente desde su cuenta de Twitter sin conocer a un solo compañero de su barrio. Pero sea en Twitter o en un local partidario, hay algo que nunca cambia: militar siempre es un acto identitario.

    Militar no consiste solamente en apoyar una lista o compartir un programa de gobierno. Quien milita incorpora una forma de interpretar la realidad, construye vínculos, adopta determinados valores y encuentra un espacio de pertenencia. En ese sentido, la militancia dice tanto sobre una persona como sus gustos musicales, su profesión o el grupo social con el que elige identificarse. Comprender esa identidad es, quizás, una de las formas más interesantes de comprender la política argentina actual: precisamente porque la militancia es una forma de identidad, entender a los militantes resulta tan importante como analizar a los propios dirigentes.

    En los próximos meses veremos a candidatos recorrer estudios de televisión, participar en debates, presentar propuestas. Sin embargo, existe un actor mucho menos visible que suele recibir bastante menos atención: el militante. Es quien conversa con su familia, con sus compañeros de trabajo y con sus vecinos. Es quien traduce las grandes consignas políticas al lenguaje cotidiano. Y muchas veces es esa conversación, más que un discurso televisivo, la que termina inclinando un voto. Es quien conoce las preocupaciones diarias de su entorno, quien sabe qué tan preocupado está por ciertos temas, qué le importa menos, y quien puede hablarle a su entorno en un lenguaje cercano.

    ¿Qué hay que mirar para comprender a un militante?

    Para responder esa pregunta no alcanza con mirar las encuestas ni los resultados electorales. Tampoco alcanza con escuchar los discursos de los dirigentes. Si queremos entender qué significa militar hoy, tenemos que mirar al propio militante. ¿Qué lo llevó a involucrarse? ¿Qué valores lo sostienen cuando las cosas salen mal? ¿Qué tipo de vínculo construye con su dirigente? ¿Cómo se relaciona con quienes piensan distinto? ¿Y qué tipo de organización hace posible esa militancia?

    Esas cinco preguntas serán el hilo conductor de toda la serie: las iremos respondiendo espacio por espacio, para ir construyendo un mapa de las distintas identidades militantes que existen hoy en la Argentina.

    No todo lo que aparezca en estos artículos tendrá el mismo carácter. Habrá momentos en los que simplemente describa un fenómeno, otros en los que intente interpretarlo, y otros en los que defienda una posición propia. Intentaré que esa diferencia sea siempre clara, para que el lector pueda distinguir cuándo estoy contando un hecho, cuándo estoy proponiendo una lectura y cuándo estoy expresando una opinión.

    El personalismo político argentino

    Antes de entrar en cada espacio, hace falta detenerse en un rasgo que va a atravesar toda la serie: el personalismo. Y no es un desvio, es la razón por la que esta serie va a analizar la militancia a partir de los referentes, y no de los partidos.

    El personalismo es uno de los rasgos más marcados y persistentes en la historia, la cultura y, sobre todo, en la política argentina. Desde el caudillismo del siglo XIX, con figuras como Facundo Quiroga y Juan Manuel de Rosas, pasando por la democracia de masas de Hipólito Yrigoyen, hasta la consagración del modelo con el movimiento político por excelencia, el de Juan Domingo Perón: Argentina ha mostrado en la práctica política una fuerte identificación con sus líderes, por encima de las propias instituciones y las plataformas programáticas. Son muchos los porqués: tan apasionantes como nuestra propia historia, tan atractivos como el carisma de nuestros líderes y tan extensos como nuestras tristezas.

    Lo que busco explicar con esto es que el apego a la figura del líder viene inscrito en nuestro inconsciente colectivo. Por eso, hoy, ante la irrupción de un nuevo actor político, se dice casi dogmáticamente el nombre de la persona más un sufijo “-ismo”, como si esa persona estuviera generando un movimiento o una doctrina propia. Y es justamente por esto que, ante la disputa de los -ismos, tiene más sentido preguntarse por el vínculo que une a cada dirigente con su militancia activa que por la estructura formal del partido que dice representarlo. Es la clave que explica por qué esta serie va a recorrer referentes como, Milei, Cristina, Kicillof, y los que sigan. En lugar de recorrer siglas partidarias: en la Argentina, muchas veces el partido es apenas el envase de algo que se sostiene, en verdad, en el vínculo con una persona.

    ¿Qué lleva a una persona a militar en un espacio?

    El militante pocas veces se detiene a pensar qué es lo que lo une con su dirigente: simplemente lo da por lógico. La realidad es que nadie milita solamente porque crea que un programa de gobierno es correcto. Compartir ideas es una condición necesaria, pero no suficiente.

    Cuando uno habla con un militante siempre aparece el intercambio de visiones y perspectivas, pero pocas veces se habla de los vínculos reales que sostienen el acto de militar en determinado lugar. Si indagamos un poco más, a veces encontramos cuestiones biográficas y contextuales. En cuanto al contexto y al entorno, hay quienes militan en un espacio por herencia (ya vienen con esa pertenencia dentro del propio círculo familiar). Otra opción es la influencia del entorno en el que transcurren sus días, pero ahí hay un matiz: esa militancia, cuando cambia el entorno, suele terminarse o mudarse de espacio, por lo cual tampoco es el foco de este análisis.

    Lo que buscamos analizar es la conducta humana desde un esquema lógico y simplificado, para entender cómo una persona elige una opción sobre otra. Primero habría que establecer el marco de creencias del individuo: la militancia busca modelar el mapa invisible de cada persona, encender sus certezas, nombrar la realidad y afinar el cristal a través del cual contempla y comprende el mundo. Una vez establecida una visión, esta se encuentra con la realidad, y ahí operan los deseos y preferencias en la interacción con el mundo. Los espacios políticos nunca reflejan el cien por ciento del pensamiento de un individuo; por eso la persona busca, entre los espacios de representación disponibles, cuál se le asemeja más. Y luego de esa elección viene el plano de la acción: el individuo elige, dentro del conjunto de opciones disponibles, el espacio político que, dadas sus creencias, maximiza la probabilidad de obtener el resultado que más prefiere.

    Pero después de la elección viene la permanencia. Una persona permanece en un espacio político porque ocurren tres cosas al mismo tiempo. Primero, siente que ese espacio interpreta el mundo de una manera parecida a la suya: le pone palabras a cosas que ya intuía y le ofrece una explicación coherente de la realidad. Asumir una militancia es elegir un discurso: trazar una arquitectura de razones que no solo explica cómo funciona el mundo, sino que le da un orden y un sentido colectivo a la realidad. Segundo, se reconoce en determinados dirigentes cualidades que considera valiosas: no solo escucha lo que dicen, sino que confía en quiénes son, o en quiénes cree que son. La elección de un militante es el hallazgo de un espejo: convocar a un otro en quien reconocemos nuestro propio rostro, unas veces igual, otras mejorado, pero siempre unido por el mismo reflejo. Y tercero, se conmueve: hay discursos, símbolos, recuerdos, enojos y esperanzas que lo movilizan emocionalmente y le hacen sentir algo que lo empuja a la acción. Aristóteles ya lo había advertido en la Retórica: la persuasión nunca depende exclusivamente de los argumentos.

    ¿Qué significa militar hoy?

    En los próximos artículos nos adentraremos en el mapa de las fuerzas, y sobre todo de los referentes, que van a disputar el poder o marcar el compás en 2027, usando las mismas cinco preguntas para descifrar la arquitectura de identidad que propone cada espacio. El objetivo es mirar de cerca la matriz que moldea al militante: descubrir el prisma con el que aprende a interpretar la realidad, la razón con la que construye su discurso y el espejo en el que se reconoce al elegir a sus pares y a su líder.

    Cada artículo estará dedicado a un espacio político distinto, pero todos serán observados con las mismas herramientas. Así llegaremos a una pregunta final: ¿qué tienen realmente en común un militante libertario, uno kirchnerista y uno del Movimiento Derecho al Futuro? ¿Son expresiones de una misma crisis, o formas completamente distintas de entender el compromiso político? La indagación trasciende la coyuntura para tocar algo más de fondo. Tal vez la verdadera incógnita no sea quién ganará la próxima elección, sino qué tipo de ciudadano está germinando en cada trinchera política. Es posible que la mayor distancia no resida únicamente en las banderas que defienden, sino en el tipo de subjetividad que forman, el modelo de dirigente en el que se reflejan y la arquitectura de sociedad que imaginan para el futuro.

    Esta es la primera entrega de la serie “¿Qué pasó con la militancia?”

    En las próximas entregas vamos a analizar, con las mismas herramientas, las distintas formas de militancia que están disputando el escenario político argentino.

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    ¿Qué pasó con la militancia?

    Este artículo es el punto de partida de una serie en la que nos preguntamos cómo cambió la forma de hacer política y, sobre todo, cómo se construyen hoy las identidades militantes.

    En el video presentamos algunas de las herramientas que vamos a utilizar para pensar este fenómeno: desde las unidades básicas y la transformación del territorio hasta José Luis Romero, Aristóteles, la mímesis, Jon Elster, la construcción del adversario político y el papel de las redes y los comunicadores intermedios.

    ▶️ Mirá el video y acompañá el desarrollo de la serie: “¿Qué pasó con la militancia?”

    Para Profundizar: Fuentes y lecturas sugeridas

    • Aristóteles, Retórica. (Ver)
    • José Luis Romero, Las ideas políticas en Argentina. (Ver)
    • John von Neumann y Oskar, Teoría de juegos y comportamiento económico. (Ver)
    • Robert E. Park, La prensa inmigrante y su contro. (Ver)
    • Paul Lazarsfeld, Bernard Berelson y Hazel Gaudet, El pueblo elige. (Ver)

  • Patria o colonia (III)

    Patria o colonia (III)

    El paraíso perdido y los dos modelos que nos siguen atravesando

    En las dos primeras partes de esta serie recorrimos casi dos siglos de historia argentina: de Rivadavia a Rosas Ver: Patria o Colonia (I) de Mitre al PAN, de Yrigoyen a Perón Ver: Patria o Colonia (II) Es hora de cerrar esta historia y preguntarnos qué queda de todo eso hoy.

    El paraíso perdido

    Más allá de las diferencias entre Rosas y Perón, la oligarquía trató de borrarlos a ambos, aunque de diferente manera. Con Rosas, construyendo una leyenda negra en la que cambiaron el apodo del Restaurador por el del tirano. Con Perón, prohibiéndolo y tratando de borrar su presencia.

    La autodenominada Revolución Libertadora llevó a cabo un golpe cívico-militar en septiembre de 1955, derrocando a Perón. El régimen buscó eliminar cualquier rastro del peronismo en la cultura y la política del país; para eso creó el decreto 4161, que prohibía nombrar, usar símbolos o hacer cualquier referencia a Perón y Evita. Ese decreto, lógicamente, también prohibió la participación política del PJ, el partido peronista, durante 17 años y 42 días.

    Y acá voy a dar una opinión muy impopular: si bien en nuestros días la presencia de Perón está más vigente que nunca, lograron dejarlo en una agonía. No lo pueden matar, porque está demasiado presente en el inconsciente nacional, pero tampoco pudo volver a recuperarse del todo. Ni la vuelta al país de Perón, ni el 62 por ciento del pueblo argentino que lo eligió en 1973, pudieron revivir por completo al movimiento. La muerte de Perón en 1974 nos dejó una revolución inconclusa. Un paraíso que pudimos alcanzar, pero que nos fue arrebatado.

    Los dos modelos

    Los dos modelos de país, como vimos, tienen una amplia historia. Es una disputa que no logramos resolver, y que hace que ninguno de los dos se desarrolle plenamente.

    Los porqués son varios y dependen de la perspectiva. Tomemos estas dos frases, una de una novela de la época de Rosas y otra de un dicho de la época de Perón:

    “Desde que está ese hombre (Rosas) en el poder, los peones ya no se quitan el sombrero, entran a la sala como si fuera suya y tienen el atrevimiento de mirarle a uno la cara.” — Manuel Gálvez, El gaucho de Los Cerrillos

    “Lo peor que hizo Perón fue enseñarle a los obreros a mirar a los ojos a los patrones.” — Rosa Campomar, miembro de la Sociedad Rural

    El problema es el mismo: la servidumbre empieza a reclamar derechos. Desde el lado del pueblo, eso representa la dignidad; desde el lado de la oligarquía, la rebeldía.

    Los ciclos nacionales

    Un modelo liberal desde la periferia del mundo necesita un país primarizado que sirva de proveedor de materias primas a las potencias del mundo. Un modelo de industria autónoma y soberanía económica necesita, en cambio, una clase media que se haga cargo de esas industrias locales. En este aspecto el modelo nacional tiene una gran ventaja ante la masa. El ascencionismo social que promueve el modelo nacional es uno de las propuestas que más atractivo tiene en el electorado. En contraparte, la brecha social que genera el modelo liberal es la mayor dificultad que encuentra esta ideología para sostenerse en el poder.  

    Pero ocurre un problema: esa clase media, una vez instalada, ha aspirado a un consumo de status global, lo que hace volver el ciclo al principio. Siendo justos, gran parte de la clase media ha aprendido a esquivar estos ciclos, a juzgar por lo ocurrido en las últimas elecciones. Por eso esta nueva forma de liberalismo ha buscado enfrentar a la clase baja con la media. Milei y sus militantes lo reflejan cuando dicen que la industria nacional no sirve, porque necesita que los trabajadores de clase baja subsidien para mantener esas industrias y el nivel de vida de esos empresarios. Muchos de clase baja hoy se preguntan: ¿por qué tengo que mantener con mis impuestos a un empresario para que pueda vivir bien?

    El porqué el liberalismo genera esta disputa está en el modelo agroexportador. Así como el empresario nacional entendió que necesita modelos proteccionistas para sobrevivir, el modelo liberal entendió que el pueblo no va a aceptar el modelo liberal por motu proprio. Entonces, lo que antes lograba por la imposición de dictaduras, hoy lo busca por la imposición de relatos. Pero el argentino, sea de clase baja o media, no va a aceptar deshacerse de la posibilidad del ascenso social, y ese va a ser siempre un problema para el modelo liberal.

    La gran tentación liberal

    Una de las ofertas más tentadoras del liberalismo es la de una sociedad más ordenada y estética. El modelo de esto es la descripta en el video sobre la genesis de la grieta inicio de la grieta nacional

    Quizás esa es una de las dificultades de Milei, pero había sido y es una de las ventajas de Macri. Milei trató de suplir la familia blanca, el metrobus y la estética de la ciudad de caba europeizada con la promesa de inversiones extranjeras. Volviendo a la promesa génesis del liberalismo nacional. Pero el tiempo pasó, las inversiones no llegaron, aunque el relato se sigue manteniendo. 

    Hoy se habla de Neuquén como la Dubai argentina. Es una provincia que contiene el 1.55% de la población nacional, muy poco para el total del territorio. Entonces, es fácil decir, allá conocen y experimentan el crecimiento prometido, y pronto otras provincias lo conocerán. Esto provocó que la provincia se encuentre recibiendo 7 familias por día en busca de la nueva panacea ¿Necesito explicar que esto es solo relato y que la provincia se encuentra colapsada?      

    Una batalla ganada para la mistica del modelo nacional

    El tema de la injerencia extranjera tampoco resulta muy atractivo hoy en día para el argentino. La ley que intentó impulsar el gobierno de Milei sobre la extranjerización de tierras hizo que se pronunciaran políticamente personas que antes nunca lo habían hecho.

    Sin duda, la bandera de Malvinas desplegada por la selección en el partido contra Inglaterra ayudó a enalzar el sentir nacional y patriótico. Y ahí hay una sublectura muy interesante: no es que tuviéramos el espíritu nacional herido, sino que estábamos bajo una carencia de símbolos.

    El espíritu humano está habitado por el “inconsciente colectivo”, según explica Jung: una capa profunda de la psique compartida por la humanidad, en nuestro caso de análisis, por un Ser Nacional. Bajo el inconsciente colectivo, el símbolo no es un mero signo, sino la expresión de algo esencialmente desconocido pero intuitivamente sentido. El símbolo actúa como un puente entre la mente consciente y la inconsciente. Sin símbolos, como los mitos, el arte, la religión o un paño con una inscripción, el espíritu se seca y se fragmenta, perdiendo su conexión con el sentido profundo de la vida. Para Jung, el símbolo sana el espíritu porque le permite integrar sus partes en conflicto.

    En nuestro caso, una bandera hecha con una sábana de hotel y pintada en aerosol sirvió como cáliz para nuestro ritual. Pero así como el cáliz sacerdotal no puede ser ritualizado por cualquier persona sino por quien es reconocido por el devoto, el manto sagrado de la patria no puede ser desplegado por cualquier ciudadano. Solo pudo ser ritualizado por el último bastión de la unidad nacional, el fútbol. La pelota no se mancha.  

    Hoy, sin embargo, no es tan visible en la política mediática alguien que encarne unívocamente el modelo nacional y que pueda crear y representar símbolos que unifiquen el sentir nacional. En un punto ni siquiera en el plano partidario.

    Nos encontramos en una nueva crisis de representatividad.

    Mi visión sobre la aparición de estos símbolos es positiva, porque veo algo en desarrollo, aunque entiendo que todavía no tiene la masividad necesaria. Esto lo voy a desarrollar con mayor profundidad en la siguiente serie de artículos que voy a estar publicando en las próximas entregas sobre la militancia y la dirigencia.

    Mientras tanto, nos encontramos como en un verso del Martín Fierro:

    Y dejo rodar la bola, Que algún día se ha de parar; Tiene el gaucho que aguantar Hasta que lo trague el hoyo, O hasta que venga algún criollo En esta tierra a mandar.

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  • Patria o colonia (II)

    Patria o colonia (II)

    La segunda disputa

    del liberalismo oligárquico al 17 de octubre

    En la primera parte de esta serie vimos el primer round de esta disputa: Rivadavia inaugurando el modelo liberal, Rosas respondiendo con el modelo nacional, y esa tensión sin resolver como saldo. Ese primer empate iba a tener revancha. Si no lo leiste, te recomiendo leerlo. Patria o colonia (I)

    La Panacea Liberal

    Los unitarios exiliados durante el gobierno del Restaurador actuaron como los arquitectos ideológicos y propagandísticos que legitimaron su caída en la batalla de Caseros. Domingo Faustino Sarmiento, Bartolomé Mitre y Florencio Varela usaron el periodismo para pintar a Rosas como un tirano bárbaro ante la opinión pública internacional. Sarmiento se unió al Ejército Grande (entrerrianos, brasileños y uruguayos) como boletinero, redactando las proclamas oficiales que justificaban la guerra no como una invasión, sino como una liberación. Así se inicia un nuevo ciclo de guerras civiles y de división ideológica, hasta la unificación bajo Bartolomé Mitre.

    Mitre, fundador del partido radical, defendía la inserción de Argentina en el mercado mundial como proveedora de materias primas, promoviendo el libre comercio y la inversión de capital extranjero. Junto con Sarmiento, su predecesor, compartía la idea de implantar las instituciones y costumbres de la Europa occidental. Así se empieza a hablar de civilización y barbarie.

    En las elecciones nacionales entre 1860 y 1916, el PAN (Partido Autonomista Nacional) lideró el país a través de sufragios fraudulentos. Bajo el PAN se gestó la panacea liberal en Argentina: un modelo de inserción a la economía global desde una economía primarizada. La industria ganadera de la zona núcleo fue el eje de este modelo, pero también se desarrolló la industria del azúcar en el norte grande y la explotación del quebracho, en manos extranjeras, en el norte bajo. El correlato del modelo fue la precarización laboral y la reducción a la servidumbre. En esta época se popularizaron los pagos con “vales” de proveeduría.

    Para profundizar en el modelo económico liberal, te invito a ver este video, donde explico cómo funcionaba y cuáles fueron sus principales consecuencias.

    Mientras tanto, bajo este modelo se afianzó la aristocracia nacional. El poder político y el poder económico se fusionaron en un solo grupo social conocido como la oligarquía. El partido funcionó como el instrumento institucional de este círculo cerrado para gobernar el país en beneficio propio. Las familias tradicionales coloniales se unieron a nuevos ricos comerciales a través de matrimonios estratégicos y alianzas de negocios para mantener la concentración económica.

    El fin del liberalismo “democrático”

    Mientras el liberalismo concentraba el poder, un quiebre en la UCR empieza a desestabilizar la hegemonía. Leandro Alem, hijo de un mazorquero (seguidor de Rosas), se opuso fuertemente al fraude electoral y a las políticas centralistas de los gobiernos del PAN. Lideró la Unión Cívica en un levantamiento civil y militar armado contra el presidente Miguel Juárez Celman. Un año después de fundar junto a Mitre la UCR, esta se dividió por un acuerdo político entre Roca y Bartolomé Mitre, en UCN (Mitre) y UCR (Alem).

    El presidente Sáenz Peña, ante la presión política y las constantes rebeliones armadas de la UCR, impulsó una reforma electoral para pacificar el país. Fue un cálculo político fallido: la aristocracia nacional pensó que el pueblo los elegiría igual sin fraude, y ese error llevó al cambio del modelo liberal.

    Así, Hipólito Yrigoyen llega a la presidencia nacional bajo el voto secreto y obligatorio. Le aportó una visión armónica para superar la grieta civilización o barbarie, bajo la convicción de que todas las clases sociales y regiones geográficas de la nación debían integrarse armónicamente en un solo cuerpo soberano: el pueblo. Su gestión no buscó romper el lazo comercial con Gran Bretaña ni realizar una reforma agraria profunda, sino captar una mayor porción de la renta agraria para volcarla al bienestar social y la soberanía energética. Entonces, si bien no rompe por completo con el modelo liberal, fue una transición necesaria para los años venideros.

    El golpe militar de Uriburu pone fin al gobierno de Yrigoyen y da nacimiento a lo que después se llamó la Década Infame.

    Mientras transcurría la Década Infame, en un sótano de la avenida Corrientes un grupo de intelectuales de la UCR gestaba la agrupación FORJA. Críticos de la entrega del partido a un sistema fraudulento y de la sumisión económica a Gran Bretaña mediante acuerdos como el pacto Roca-Runciman, se formaron bajo el lema “Somos una Argentina colonial, queremos ser una Argentina libre”. El nombre surge de uno de los mejores intelectuales que transitó nuestra tierra, Arturo Jauretche. También estaban Raúl Scalabrini Ortiz y Homero Manzi, quienes serían un puente ideológico fundamental entre el yrigoyenismo y el peronismo en la historia del pensamiento nacional argentino.

    La nación argentina se hizo una doctrina propia

    El 4 de junio de 1943, un grupo de militares organizados en una logia denominada GOU derrocó al presidente Ramón Castillo y puso fin a la Década Infame. Entre ellos se encontraba Juan Domingo Perón. La idea era evitar que Argentina entrara al conflicto global alineada con los Aliados, defendiendo una postura de estricta neutralidad, y terminar con el fraude electoral sistemático. La logia se disolvió formalmente en 1944, luego de cumplir sus objetivos iniciales y debido a internas políticas. Pero desde la Secretaría de Trabajo estaba naciendo un nuevo romance entre el pueblo y el nacionalismo.

    La gestión de Perón en la Secretaría de Trabajo le haría ganar el amor del pueblo y el odio de los oligarcas. Ni las acciones que fortalecieron los sindicatos, ni las paritarias, ni la previsión social, le generaron tanto odio a la oligarquía como el Estatuto del Peón de Campo. Declararon públicamente que la ley sembraría el germen del desorden social al otorgar derechos a personas de “limitada cultura”. Ese odio visceral hacia Perón los llevó a marchar el 19 de septiembre de 1945 bajo el lema “Marcha de la Constitución y la Libertad”, para pedir elecciones y la prisión de Perón. Menos de un mes después de esa marcha, por pedido de las cámaras de comercio, el campo y una interna militar, meten preso a Perón. Nunca sospecharon que ese hecho desencadenaría la histórica jornada obrera del 17 de octubre.

    La movilización fue un fenómeno puramente obrero, de bases sindicales, que desbordó incluso a la propia cúpula de la CGT. Ante el pedido de las bases, la central llevó a votación la realización de una huelga para pedir la liberación de Perón. En una decisión ajustada, se fijó el 18 de octubre para marchar. Las bases, en comisiones internas de las fábricas, comenzaron a abandonar sus puestos de trabajo por su cuenta desde la madrugada del 17, por miedo al retroceso de la medida o por impedimento de la propia patronal. Ese mismo día, Perón terminó dando un discurso desde el balcón de la Casa Rosada, con la Plaza de Mayo llena.

    El modelo económico de Perón se basó en el nacionalismo económico, la industrialización por sustitución de importaciones, el fuerte intervencionismo estatal y la redistribución de la riqueza hacia las clases trabajadoras. Muy en sintonía con la visión de Rosas; parte de las diferencias son propias de cada época. Otra de las diferencias, y creo que la más fundamental, es que Perón desarrolló una doctrina política propia. Eso le permitió sostener su visión política por más tiempo y hacer subsistir su pensamiento más allá de los embates de la oligarquía.

    Perón logró algo que ni Rosas ni Yrigoyen habían podido conseguir: una doctrina propia, capaz de sobrevivirlo. Pero esa misma fuerza fue la que la oligarquía se propuso destruir por todos los medios. En la tercera y última parte de esta serie vamos a ver cómo terminó esa historia, y por qué el mismo patrón (liberal contra nacional) sigue vivo en la Argentina de hoy.

    Te invito a ver el video relacionado, donde abordo estas ideas desde otra perspectiva

    2 responses to “Patria o colonia (II)”

    1. [jano'nt] Avatar
      [jano’nt]

      Lei el anterior y este. la verdad muy bien sintetizado. luego mirare los videos. gracias.

    2. […] argentina: de Rivadavia a Rosas Ver: Patria o Colonia (I) de Mitre al PAN, de Yrigoyen a Perón Ver: Patria o Colonia (II) Es hora de cerrar esta historia y preguntarnos qué queda de todo eso […]

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