Terminos históricos-políticos

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Las palabras también tienen historia: cambian de significado, atraviesan conflictos y adquieren nuevos sentidos según la época y la sociedad que las utiliza.

Explicado en argentino

Explicado en argentino

Me estaba yendo a la Unidad Básica para rosquear con los compañeros y, de pronto, me cruzo con mi amigo gorila. Yo siempre lo jodo, porque no hay nada más tibio que un radical. Entonces le digo:

—¿Qué hacés, correligionario? ¿Ya se doblaron o se rompieron nomás en el comité?

Entonces, el Peludo me mira con cara de otario y me responde:

—¿Qué hacés, cabecita negra? ¿Cómo va el aluvión zoológico?

Yo me cagué de risa. Es un gorila dialoguista, pero lo prefiero antes que a los zurdos o a los liberalotes.



¿Cómo nacen los términos políticos?

Nadie se sienta a inventar la palabra “gorila” o “aluvión zoológico”. Aparecen en un sketch de radio, en un discurso, en una pelea de comité, y recién después alguien las anota. Los términos políticos tienen algo que los distingue del resto del vocabulario: casi siempre nacen para señalar a alguien. Por eso su historia es una historia de conflictos.

Nacen cuando la historia necesita nombrarse

Como vimos en por qué los argentinos hablamos diferente, Saussure explicó que el lazo entre una palabra y lo que designa es una convención, y que las convenciones cambian. El historiador alemán Reinhart Koselleck le agrega una vuelta política. Para él, los conceptos no solo reflejan lo que pasa: también empujan lo que pasa. Un concepto condensa experiencias acumuladas y expectativas de futuro en una sola palabra.

Por eso los términos políticos aparecen en momentos de quiebre. “Peludo”, “descamisado” o “unidad básica” surgen cuando algo nuevo irrumpe y el vocabulario heredado no alcanza para decirlo. En ese hueco entra la palabra nueva, y al nombrar el cambio ayuda a producirlo.

Nacen de una disputa por quién nombra

Hay una segunda pista en el Diccionario Nacional. Bajtín decía que ninguna palabra es neutra y que todas arrastran las voces de quienes las usaron antes. Pierre Bourdieu lo lleva al terreno del poder: nombrar es una forma de imponer una visión del mundo social. Quien logra que su etiqueta circule también decide cómo se ve al otro.

En 1945 el dirigente radical Ernesto Sammartino habló de “aluvión zoológico” para referirse a la movilización de las masas obreras. Con la expresión le quitaba humanidad política a un sujeto social que estaba entrando en escena. Algo parecido pasó con “cabecita negra”, una etiqueta clasista que acompañó la llegada de las migraciones internas a las ciudades. Son nombres puestos desde arriba, con la intención de marcar un lugar.

Nacen, se dan vuelta y cambian de dueño

La tercera pista es la más argentina: el insulto que se vuelve bandera, y a veces el orgullo que se vuelve insulto. Ernesto Laclau sostuvo que las identidades políticas no existen antes del nombre. Un nombre puede unir demandas dispersas y darles un sujeto, “el pueblo”. Lo que importa es quién se apropia de la palabra.

“Gorila” es el caso de manual. Según la versión más difundida, nace en 1955 en La Revista Dislocada, a partir de un sketch del guionista Aldo Cammarota que parodiaba la película Mogambo. En ese cuadro se cantaba “deben ser los gorilas, deben ser”. Los propios antiperonistas lo adoptaron para autodenominarse, y con los años los peronistas lo devolvieron como acusación. La palabra nació como chiste, fue orgullo de un bando y terminó siendo la etiqueta que el otro bando le pone al adversario.

Cuando una palabra deja de usarse o su carga cambia, no se pierde sin más. En expresiones en desuso vimos que una palabra puede retirarse del habla cotidiana y seguir viva en la memoria de una generación. Muchos términos políticos del siglo XX están en ese camino: ya no los usa casi nadie, pero siguen explicando cómo se hablaba de política.

La respuesta corta

Los términos políticos nacen cuando la historia necesita nombrar algo nuevo y las palabras disponibles no alcanzan (Koselleck). Nacen de una disputa por quién tiene el poder de nombrar al otro y de imponer esa mirada (Bourdieu). Y cambian de sentido porque los nombres construyen identidades, así que un insulto puede volverse bandera y una autodenominación puede volverse acusación (Laclau). Detrás de cada término hay un conflicto concreto, una época y alguien que quiso decir algo sobre alguien más.

Para Profundizar: Fuentes y lecturas sugeridas

  • Bajtín, M. Teoría y estética de la novela. (Ver)
  • Bourdieu, P. ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. (Ver)
  • Gambini, H. Historia del peronismo. (Ver)
  • James, D. Resistencia e integración: el peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946-1976. (Ver)
  • Koselleck, R. Futuro pasado: para una semántica de los tiempos históricos. (Ver)
  • Koselleck, R. Historia de conceptos: estudios sobre semántica y pragmática del lenguaje político y social. (Ver)
  • Laclau, E. La razón populista. (Ver)
  • Saussure, F. de. Curso de lingüística general. (Ver)
  • Ulanovsky, C. et al. Días de radio: historia de la radio argentina. (Ver)
  • Williams, R. Palabras clave: un vocabulario de la cultura y la sociedad. (Ver)
  • Wittgenstein, L. Investigaciones filosóficas. (Ver)

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